2023 ¿Y SI TE LO QUITO TODO? Perro Blanco, Lima, Perú
Ningún objeto es capaz de extinguir jamás la carencia, asegura Massimo Recalacti en el capítulo ¨El tabú de la basura¨, parte de su compendio/enciclopedia, Los tabúes del mundo (ed. Anamagrama, 2022) Y, si bien un montón de objetos preciados pero sin aparente utilidad no representa el todo en la vida de alguien son una constelación de elementos cargados de afectividad y simbolismo que influyen en cómo alguien procesa sus días. Pienso en Dora, mi vecina anciana y acumuladora que mira con desprecio y vergüenza a cualquiera que le exige que se haga cargo de su basura. En cómo repleta su departamento y el pasillo principal con utensilios quebrados, cajas viejas de todo tamaño, decoraciones de fiestas pasadas y fundas repletas de ropa empolvada. Días después de que la administradora haya pintado la fachada del condominio y arreglado los interiores, comenzó a amontonar maderas apolilladas y cartones mojados afuera de su puerta que justo da a la mía. El olor a humedad y la presencia de arañas y cucarachas dotaban al espacio común de un ambiente siniestro y deprimente. Estos eran los aportes de Dora, ofrendas al imperialismo de las parejas vecinas que la orbitaban con su vitalidad y progresismo.
Antes de Dora, compartí condominio con Carmen, mi anterior casera. Una arquitecta marimacha en retirada que no solo acumulaba objetos sino también animales. Gatos incontinentes y hemorrágicos decoraban el pórtico de su domicilio. La mayoría tenía nombre y anécdotas que para ella los convertía en únicos. Adentro de su casa: cuatro perros. Estos se tomaban y marcaban la cocina, los muebles y el patio. También dormían juntos, todos en la cama con ella. Combatiendo la soledad y el frío limeño en el estado más honesto que es el reposo. Estoy segura que en las peores noches de su borrachera la escuche hacerles el amor y sentí envidia. Eventualmente sus animales murieron antes que ella, iban saliendo uno a uno de la casa envueltos en sábanas estampadas. El hedor era insoportable así que yo también me fui. En algún momento con los vecinos siendo los peores prójimos pensamos en llamar a alguna agencia de rescate animal para que le quiten todo pero no nos alcanzó la crueldad acumulada para ejecutar aquel aviso.
La universal e higienizante industria de la salud mental que cada año se viraliza más en redes sociales con entramados de términos y diagnósticos diseñados para antagonizar o para ser adoptados por quien sea. Determina que los llamados acumuladores son un subgrupo de los obsesivos compulsivos. Estos encuentran en el objeto razones estéticas, afectivas y utilitarias para no desprenderse de ellos. Es evidente al ver los escenarios de estas acumulaciones que en esas razones estéticas hay también valores económicos asociados al horror de la desposesión y la pobreza. Y que las razones afectivas ya contienen una utilidad aliviante. Pero quizás es el insistir en la racionalidad condescendiente lo que impide entender y simpatizar con la insistencia de quien acumula.
Tanto en la retención de basura de Dora como con las mascotas moribundas de Carmen radica una resistencia que apuesta por re poseer y habitar eso que desde el afuera se piensa como residuo y listo para ser desprendido de una estructura mayor y estable. Pero, si la estructura mayor es una casa vacía, de algo se tiene que llenar. Y si quien la habita está aislada por decisión propia o por abandono familiar de algo o alguien se tendrá que acompañar. Esas montañas de cosas rotas que acosan por cómo se toman el espacio dejan de ser siniestras y pasan a ser presencias silentes en las cuales se puede proyectar sin mayor consecuencia. Aquellos animales enfermos son sujetos de cuerpos tibios que reciben cariño y maltrato, desprovistos de un lenguaje verbal con el cual acusar o agradecer. Estas pertenencias entristecidas no son enteramente des hechos, al prolongar sus presencias, las dueñas generan fetiches con los cuales reviven acontecimientos. Tocar, ver, oler la acumulacion les permite visitar en fragmentos objetuales un pasado que se proyecta sobre los espacios tomados. Para estas mujeres solas los vínculos que arman con las cosas y animales rotos las protegen de las amenazas de un futuro que no para, de la sociabilidad envenenada y del eventual daño entre humanos.
Así se evidencia a la independencia como un falso ideal. Si ellas rechazan o se les niega la dependencia interpersonal, entonces encuentran estabilidad en los objetos acumulados. Estos ¨todos¨ producen hábitats espacialmente hostiles para el externo pero no para quien los ocupa. Es el otro quien amenaza con asistir ayudando a limpiar la casa, con botar, con llevarse, con donar, con quitarles a ellas ese todo que en cada descuido componen.
Cuento esto porque en ¿Y si te lo quito todo?, veo pinturas de chatarra, de accesorios acumulados y en desuso, papeles pertenecientes a fallecidos y perros a las sombras. Entre esta selección aparecen dos retratos de hombres: Sobre la pared detrás de la escalera está el de Sebastian, en este un hombre se cubre los ojos con un trozo de tela hecha de la misma materia que el fondo del cuadro. Luego el de Valentina que lo precede sobre la estructura de la escalera. En este, un joven medita la potencia de la llama entre sus dedos. Parece abrumado ante la posibilidad de poder quemarlo todo. El hombre de atrás queda congelado en el gesto decisivo de no ver mientras más abajo en la sala desde la imagen se decide qué hacer con la basura presente.
F. Tibiezas Dager